Toda mi historia en la fábrica.

Compartida contigo para que me conozcas mejor.

Desde pequeño, mi padre me “castigaba” llevándome los veranos a trabajar en la fábrica.

Y digo castigaba porque, claro, mis amigos estaban por ahí y yo estaba entre máquinas, madera, lacas y compañeros que me enseñaban cómo se hacía cada pieza. 

Pero te digo una cosa: me encantaba.

Cada tarea nueva que me explicaban la absorbía como una esponja. Intentaba hacerla mejor, más rápido y con más cuidado para que me enseñaran la siguiente.

Y así, verano tras verano, sin darme demasiada cuenta, fui creciendo dentro de la fábrica. 

En 2007 terminé mis estudios y empecé a coger responsabilidades en la empresa. Todo iba bien. La empresa funcionaba.

Un año después, casi la cierro.

“La crisis”, la llamaban.
Puedes imaginar cómo me sentí. 

Con 27 años, muchas ganas y muy poca experiencia, decidí seguir adelante. Mi padre se retiró agotado después de ver tambalearse gran parte de lo que había construido durante tantos años.

Yo metí la pata muchas veces.
Y, siendo sincero, todavía hoy sigo aprendiendo. 

Pero de cada error saqué algo importante: una fábrica no puede limitarse a fabricar muebles.

Tiene que cumplir.
Tiene que dar la cara.
Tiene que cuidar los detalles.
Tiene que entender que detrás de cada pedido hay una casa, una familia y una ilusión. 

Con el tiempo entendí que Bocubi no debía fabricar solo muebles.
Debía ayudar a crear hogares.
Espacios donde las personas se sientan bien.
Lugares que encajen con su forma de vivir, con su estilo y con lo que imaginan para su casa. 

Y eso no se consigue solo con máquinas.
Se consigue con personas.

Con un equipo que escucha, diseña, fabrica, laca, revisa, atiende, carga, resuelve y se deja la piel para que cada proyecto salga como debe. 

Tengo mucha suerte de tener a esas personas a mi lado.
Porque son ellas las que hacen que Bocubi brille de verdad.

Soy Borja Cubillos.
Y esta es nuestra forma de entender el mueble. 

Hoy seguimos haciendo lo mismo que aprendí de pequeño. Trabajar con las manos, cuidar los detalles y poner ilusión en cada pieza. 

Porque para nosotros un mueble no termina en la fábrica.
Empieza de verdad cuando llega a tu casa.